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El final de Las Aletas

Manuel Jiménez Barrios y Antonio Sanz tras la firma del final de Las Aletas

Mirando la foto que acompaña a este texto cualquiera podría pensar que el apretón de manos que en ella se escenifica es el final feliz, o el igualmente venturoso inicio, de un proyecto. Pero no. Lo que tanta alegría les da al vicepresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Jiménez Barrios, y al delegado del Gobierno de España en Andalucía, Antonio Sanz, a juzgar por sus sonrisas, es el final de Las Aletas. Igualmente felices, testigos de la alegría de los dos políticos gaditanos, son el subsecretario de Hacienda y Función Pública, Felipe Martínez, y el viceconsejero de Presidencia, Fernando López Gil, también gaditano.

Catorce años después de que se empezara a hablar del parque que iba a colocar a la provincia de Cádiz a la vanguardia de la economía, acabando así con el paro endémico que sufrimos en esta sufrida tierra, todo un vicepresidente de la Junta, acompañado del máximo representante del Gobierno estatal en la comunidad, nos dice de manera solemne y triunfal que Las Aletas “ha muerto” y que ahora iniciarán otro proyecto que va a ser, esta vez sí, el que inicie el camino para el que se ha perdido ya un tiempo precioso. Pero sin prisas, dentro de tres meses ya nos enteraremos de qué va esta nueva historia, que ahora toca pensar.

Nos quieren vender como un éxito una de las mayores vergüenzas de las últimas décadas en la provincia. Al igual que Joaquín Benítez, creo que Cádiz no tiene tiempo, menos aún después de tirar catorce años a la basura en un proyecto que sólo deja como herencia un cartel descolorido y dos sentencias en contra del Tribunal Supremo. De 500 hectáreas se pasó a 125, y con 190 millones de euros guardados no se ha hecho absolutamente nada.

Eso sí, se creó un consorcio en el que, como es lógico, hubo que pagar salarios además de los gastos corrientes. De dinero público. Pero no pasa nada, Las Aletas muere y en vez de unas palabras de disculpa (hablar de dimisiones suena a ciencia ficción) nos lo dicen con gran alegría, sin el más mínimo atisbo de autocrítica.

¿La solución? Más tiempo, tres meses para dar a luz la que debe ser la mejor idea jamás pensada para Cádiz. En catorce años no se ha hecho nada. En noventa días nos presentarán algo que será irrenunciable para las empresas, quien no quiera instalarse en la Bahía de Cádiz dimitirá de ser parte del progreso. Todas preparan ya los millones que tienen guardados desde que se empezó a hablar de Las Aletas para desembarcar en Cádiz.

El vicepresidente de la Junta lo llamó “la configuración de un instrumento de promoción de actividades logísticas y tecnológicas en la Bahía de Cádiz“. El protocolo que firmaron Junta y Estado es “es la reformulación del proyecto de actividades logísticas, empresariales, tecnológicas, ambientales y de servicios de la Bahía de Cádiz, mediante la creación y la puesta en marcha de un instrumento de dinamización de la actividad económica en la Bahía de Cádiz, estableciendo las medidas de colaboración necesarias entre la Administración General del Estado y la Comunidad Autónoma de Andalucía para gestionar, de forma eficiente con una perspectiva integrada y de conjunto, todos los suelos públicos cualificados y de nuevo desarrollo susceptibles de utilización logística y tecnológica en la Bahía de Cádiz”. Lean despacio, relean si quieren, porque no tiene desperdicio. Y si lo entienden, me lo explican.

Si con dos actores ha sido imposible entenderse para sacar el llamado espíritu de Las Aletas adelante, ya me dirán ahora que quieren incluir a Zona Franca, la Autoridad Portuaria, la Red Logística de Andalucía y Tecnobahía. Eso sí, ayuntamientos de la Bahía y colectivos sociales y ecologistas, alguno de los cuales ya ha aportado ideas, no entran de momento entre los integrantes.

No entiendo la alegría desatada entre políticos, empresarios y algunos periodistas con la muerte de Las Aletas. Nunca creí en este proyecto, estoy seguro de que si de verdad hubiera empresas interesadas en el desarrollo de esta zona, sí se habría sacado adelante como se ha hecho en otras ciudades andaluzas, caso de Málaga o Sevilla. O a lo mejor depende de haber tenido una clase política que hubiese sido capaz de poner los mimbres necesarios para que fuese una realidad.

Pero no. Nuestros políticos, aquellos que nos prometieron durante años el despegue provincial gracias a Las Aletas, nos anuncian ahora con alegría y entre sonrisas la muerte del proyecto. Sólo se unen, como en este caso, para taparse las vergüenzas. Dos días antes se tiraban los trastos a la cabeza por la situación en La Línea y ahora se vanaglorian de enterrar Las Aletas. A cambio nos anuncian que harán algo parecido y que dentro de tres meses ya darán más detalles. Será por tiempo.

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