Política, Sociedad

El odio, nuevo opio del pueblo

Odio, discusiones, opiniones enfrentadas y violentas.

“El horror, el horror…”, dejaba escapar de su boca, casi susurrando, el coronel Kurtz (Marlon Brando), agonizando tras los machetazos que el capitán Willard (Martin Sheen) le había asestado para cumplir su objetivo. “Yo quería una misión. Y por mis pecados me dieron una”, decía Willard, en off, al inicio de la frenética Apocalypse Now, ambientada en la guerra de Vietnam y dirigida por Francis Ford Coppola adaptando El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.

El odio nos lleva al horror. Sólo hay un paso. Desgraciadamente, es algo que en estos tiempos que corren se propaga con inusitada rapidez, máxime cuando hay auténticos profesionales ocultos en las redes y entre las organizaciones políticas, sociales y deportivas, fundamentalmente. Si, como indicaba Karl Marx en Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, la religión era usada por las clases dominantes para controlar a la masa, el odio es ahora el nuevo opio del pueblo.

Decía Shakespeare que “si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin mayor fundamento”, y es que hay ocasiones en las que el amor, no necesariamente hacia una persona, deriva en odio hacia el contrario. Esta es una situación habitual, demasiado, en el deporte, ya que la pasión hacia los colores de un determinado equipo desemboca, inevitablemente, en ira hacia el opuesto. Ciudades con dos equipos, o cercanas entre sí, son buen ejemplo de ello y todos tenemos en mente más de una.

El odio nos rodea

La política, y los voceros que actúan amplificando todo lo que les conviene, sea cierto o no, en redes sociales o a través de los medios de comunicación tradicionales es, sin duda, una de las culpables de este epidemia de odio existente en la sociedad.

Prácticamente todos los partidos tienen al menos a alguien que pone rostro a las declaraciones más incendiarias. Rafael Hernando en el PP; Pablo Echenique, entre otros, en Podemos y sus infinitas confluencias; en el PSOE también hay varios y donde quizás veo menos claro ese papel es en Ciudadanos.

Odio en el deporte
El deporte, fundamentalmente el fútbol, es un gran generador de odio.

Abundan, como estamos viendo con la ineludible crisis catalana, en el mundo del independentismo. Rufián, diputado de ERC al que le viene al pelo el apellido, probablemente sea el más destacado. Pero hay muchos más anónimos, tanto favorables a la segregación de Cataluña como en contra, auténticos profesionales de la mentira y la manipulación. Y aunque Puigdemont lo es y lo demuestra día tras día, no me refiero a él.

Acudiendo al tópico, repetir una mentira cien veces no la convierte en verdad. Pero en las redes sociales sí que funciona. Se difunde una falsedad, llega a millones de personas y cuando aportan la réplica fundamentada y demostrativa de esa mentira, ya es demasiado tarde. No vende. El odio ya está extendido. Hay veces que da miedo seguir algunas de las conversaciones en Twitter o Facebook, cargadas de violencia, insultos, amenazas y odio, mucho odio. Siempre está presente.

En estos días en que Cataluña está demostrando la inquina que muchos tenían guardada, estoy descubriendo que es peor de lo que me temía. La epidemia ya es pandemia, y no sabemos hasta donde llegará. De momento, hay quien se ha propuesto internacionalizarla.

Será difícil salir de esta situación sin que halla rencillas, eso es prácticamente imposible. Hemos alimentado a la criatura del odio durante años, décadas, y ahora se ha hecho mayor, reclama su lugar y que todo aquel que esté en contra se aparte de su camino.

El odio ya ha calado. Al horror le queda poco.

Tagged , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *