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En recuerdo del Chico Valerio

Jose, Chico y yo a bordo de una barca dispuestos a cruzar el río Guadalquivir entre Sanlúcar y Doñana

En la mitología griega, Caronte es el barquero de Hades, dios del inframundo, que traslada a los recién fallecidos de una a otra orilla del río Aqueronte. Si el cadáver no llevaba una moneda bajo la lengua como pago, debía vagar durante cien años por las riberas fluviales hasta ser redimidos por el barquero.

Ahí estamos los tres en la foto, Jose Barberá, el Chico Valerio y yo, preparados para cruzar el Guadalquivir hace ya muchos años. No recuerdo el nombre del barquero que nos llevó, junto a Valerio padre, hasta Doñana, ni tampoco cuantas monedas cobró por hacerlo. Pero si que retengo en mi memoria aquel maravilloso día, como casi todos los vividos cuando, siendo niño, te proponen lo que en ese momento se vislumbra una excitante aventura como finalmente fue.

El día que Jose me envió esa foto, no hace demasiado, me puso al tanto de la salud de José Antonio, nuestro querido Chico. Cuando éramos niños, disfrutamos mucho tiempo juntos, pero el paso de los años nos llevó por caminos distintos, y a pesar de que coincidíamos sobre todo por las noches, no era con la frecuencia anterior. Aún así, siempre que nos veíamos echábamos un buen rato, nos apreciábamos mucho y eso era algo que no ocultábamos.

La hipocresía nunca fue nuestro fuerte, ni el suyo ni el mío. Y aunque a nuestro alrededor se gestaran situaciones complicadas nosotros, como niños y amigos que éramos, sólo fuimos conscientes de nuestra amistad y aprecio común.

La resolución de su enfermedad era, según tenía entendido, cuestión de poco tiempo. Pero ayer, cuando me llamaron para decirme que había fallecido, algo se agitó en mi interior trayendo a mi memoria imágenes de décadas pasadas, cuando jugábamos en el Retortillo o por los carriles de Los Gallos, primero en bici y luego con nuestras motos gemelas. Yo siempre tímido y él… él como ha sido siempre. Divertido, alegre, gamberrete, aventurero, innovador…

En pocas horas estaré en tu despedida final. No creo que vayas con la moneda para Caronte, pero tengo por seguro que el viejo barquero griego te llevará de una a otra orilla engatusado por tu sonrisa, esa eterna sonrisa con la que todos los que te conocimos te recordaremos siempre. Descansa en paz, querido amigo.

Y un beso enorme para tus padres, Lolichi y Valerio, tus hermanos Lola y Valerín, y toda tu familia.

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