Sociedad

Feliz cumpleaños, querido amigo

Gustavo Virués y Salva Moreno en la Torre Eiffel de París, en agosto de 2003.

Recuerdo, hace ya casi tres años, ir corriendo por las calles del Novo Sancti Petri. Acostumbro llevar el móvil para controlar el tiempo, la distancia y todas esas cosas que tanto nos interesan a los que nos ha dado por correr. Y entre ritmos y parciales, se coló una llamada. Ojalá no la hubiese recibido nunca, ojalá se hubieran equivocado, pero no. Un amigo me decía que Gustavo era uno de los tres montañeros desaparecidos en Marruecos. Pocos días después, otra llamada me confirmaba su fallecimiento.

Hoy, 6 de marzo, Gustavo Virués habría cumplido 44 años. En otros tiempos, en otro siglo en realidad, lo habríamos celebrado bebiendo cerveza en el Ave Crazy. Pero la montaña marroquí nos privó a sus familiares y amigos de más cumpleaños felices, de más momentos de alegría y diversión, muchísima diversión, como los que Gustavo nos regaló durante sus 41 años de vida.

No había reunión de amigos en la que no termináramos hablando de él, estuviera o no presente, y de todas las aventuras que habíamos disfrutado juntos. Y fueron muchas. En los últimos años era Gustavo quien proponía reunirnos, siempre tomaba la iniciativa para que el grupo de amigos pasáramos tiempo juntos con almuerzos en su casa o en una de las ventas que tanto le gustaban. Y eso se echa mucho de menos.

Ahora, cuando paso por el bar de Adolfo, en la plaza del Retortillo de Chiclana, me resulta imposible no acordarme de él. Allí estuvimos juntos por última vez, pocas semanas antes de su viaje a Marruecos. Nuestras últimas risas, nuestra última cerveza y nuestro último abrazo.

De vez en cuando me acerco a la playa, donde familiares y amigos le dedicamos un recuerdo que, curiosamente, se colocó el día de mi cumpleaños en 2016. Me gusta pensar que él está allí, con la mirada puesta en las olas, mientras que hablamos y vamos haciendo planes, quedando para vernos por la noche o para hacer cualquier otra cosa.

Gustavo fue, en todos los sentidos, mucho más que un amigo para mi. El hueco que dejó es enorme, pero trato de rellenarlo recordándolo constantemente. Si estoy en la playa lo veo con la tabla de surf, probablemente ‘prestada’ por Dani Cintas o Manolo Vela; cuando salgo a hacer deporte acude a mi mente su foto cruzando la meta en el maratón de Nueva York con la cara desencajada de dolor y las piernas completamente rígidas… Creo que nunca me he reído más con una fotografía, y él a mi lado también con las lágrimas saltadas.

Si me da por escribir sobre las vivencias que compartimos, probablemente no termine en mucho tiempo, y no es esa mi intención, demasiado estoy extendiéndome ya. Sólo quiero dedicarle un feliz cumpleaños a mi amigo Gustavo. Y decirle que no hay lugar por el que pase en el que no recuerde alguna historia juntos. Te echo mucho de menos, chavá del pelo negro. Siempre nos quedará París. O Coní.

Imagen del monolito y la placa en recuerdo de Gustavo Virués, colocada a instancias de familiares y amigos en un espacio cedido por el Ayuntamiento de Chiclana.
Imagen de la piedra y la placa en recuerdo de Gustavo Virués, colocada a instancias de familiares y amigos en un espacio cedido por el Ayuntamiento de Chiclana.
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