Sociedad

Historias de la Alameda de Chiclana

Gracias a Paco Montiel por las fotografías

La de portada es de Pedro Leal

En estos tiempos de odio, de tantísimo odio, en los que llevar unos tirantes con la bandera española es ofensa suficiente para que te asesinen a golpes y patadas, me he propuesto no hablar de todo lo malo que nos rodea, que es mucho, créanme. Y no es porque la época navideña me ablande el corazón, nada de eso. La Navidad no es, ni de lejos, mi época preferida, y menos aún este año con la tiesura económica que ha decidido quedarse a habitar dentro de mis bolsillos.

No, no es por nada de eso. La verdad es que estoy cansado de escuchar, ver y leer las barbaridades que escupen en los medios de comunicación representantes políticos y sociales de este maltrecho país. Y harto como estoy de ello, mientras me rizaba con los dedos mi ya abundante melena pensando en algún tema para escribir, caí en la cuenta de que hace tres meses que no voy a la peluquería. Eso, y una foto de Rancapino, han sido motivos suficientes para acordarme de Miguel Pérez, el peluquero de mi padre y, por supuesto, el mío en mis años de infancia y adolescencia.

Alameda del Río de Chiclana de la Frontera
Alameda del Río de Chiclana de la Frontera en una imagen de archivo de Paco Montiel.

La Alameda de Chiclana, pegada al río Iro, siempre ha sido una de las calles más conocidas del pueblo. Testigo y víctima de las riadas tan habituales en el siglo pasado, la más famosa y recordada la de 1965, cuando yo era un niño acogía en sus aceras algunos de los lugares más recordados por los chiclaneros.

La Pajarita (Paco Palmero), Capricho (Andrés Rodríguez Aragón), el Cubano (que luego emigró al famoso Nieber, en La Barrosa), Helados Picó y la peluquería de Miguel eran algunos de ellos. Y un poco más adelante, casi enlazando con la entonces denominada calle Antonio Romay Montero, ahora Iro, Cachito (Francisco Vela). Me voy a permitir recordar también al bar Ave Crazy, y es que mis amigos no me perdonarían el olvido, especialmente mi querido y recordado Gustavo Virués, a quien tanto echo de menos.

En este local estaba el Bar Capricho, en la Alameda del Río de Chiclana.
En este local estaba el Bar Capricho, en la Alameda del Río de Chiclana.

De cada uno de estos lugares tengo numerosos recuerdos. En la peluquería, Miguel Pérez, con su eterno cigarro entre los labios, daba conversación o escuchaba a Rancapino, creo que el genial cantaor chiclanero estaba allí todos los días, a quien en ocasiones acompañó con su guitarra. Mientras, sus pájaros ejercían de prototipo del moderno hilo musical. Allí pasé muchas horas con mi padre, y cuando posteriormente acudía a pelarme al local de su hijo Agustín, siempre tenía a Miguel, y a mi padre, en la memoria.

Con mi abuelo Juan, algunos años antes, me convertí en cliente fiel tanto de La Pajarita como de Capricho. Mientras él conversaba con sus amigos en la barra, copa de vino chiclanero en mano, yo disfrutaba de mi gallo rebozado y el tebeo que antes habíamos comprado en el recordado kiosko de Manolo. Eso en Capricho, porque en La Pajarita la tapita solía ser de ensaladilla.

Los desayunos de los domingos, años después, los reservábamos para Cachito. Tras la misa en San Telmo, el Cola Cao y la tostada nos servían para recordar las noches del fin de semana que casi concluían, y que siempre comenzaban muy cerca de allí, también en la Alameda pero en lo que nosotros denominábamos paretilla del río, frente a los bares de la plaza de España como el Madrid y el Plató. Pero esa es otra historia reservada sólo para los que la vivimos.

Pensándolo bien, la Alameda ha sido muy importante en mi vida, y es que ocupa gran parte de mis recuerdos. En Antonio Romay Montero, la calle antes mencionada, me crié yo, frente a otro negocio señero de Chiclana como es la ferretería La Unión y justo al lado del Cine Jardín. Ahora que nadie me oye, confesaré que subíamos a la azotea de mi edificio a ver las películas, y ya que me estoy sincerando, desde mi casa se veían los partidos de fútbol, en el estadio municipal al otro lado del río, antes de que construyeran la tribuna.

En este discreto ejercicio de memoria, a cada frase que escribo me vienen a la mente nombres vinculados a Chiclana y a mi vida. Algunos los he nombrado aquí, pero quedan muchos. El Chícharo, el Golpeao, Arteche, Eloy, SicaniaLos Rosales, Casa Anita, el Carretero, el Cine Moderno, la papelería Navarro, El Trovador (Mamí para los aborígenes), Orga (donde compraba mis discos de Radio Futura)Estudillo, el Bazar Canarias, Muñecas Marín (como olvidarlas) o La Predilecta, de la que escribí hace poco con motivo de la jubilación de su propietaria. A buen seguro que algunos quedan atrás, perdonen el olvido.

Esto da para mucho, no cabe duda. He pasado grandes momentos en Chiclana con la gente que más he querido. En el recuerdo, aquellos vividos con las personas que ya no están y que acuden a mi pensamiento en cada esquina, en cada calle en las que compartimos algún instante que, aunque en un principio resultaran irrelevantes, el paso del tiempo ha convertido en inolvidables.

El bar Cachito es otro de los históricos de Chiclana.
El bar Cachito es otro de los históricos de Chiclana.
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4 thoughts on “Historias de la Alameda de Chiclana

  1. Pues sí, qué grande esa paretilla del río, ese Ave Crazy con sus algodones en el techo… No es siempre cierto que cualquier tiempo pasado fuera mejor, pero los recuerdos de la infancia y la juventud te dan siempre un pellizco de alegre nostalgia en el corazón.

    1. Ya te digo, eso mismo decía yo en otro artículo, que cualquier tiempo pasado no fue mejor pero hay mucho bueno que recordar. Grande el Crazy…

      1. Que recuerdos Salva. Miguel Pérez nos cortó el pelo a más de uno 😃. El Ave Crazy requiere un reportaje exclusivo. Son demasiadas historias e historietas 😁

        1. Ya te digo. Anda que no lo he pensado, el Crazy y otras historias son para escribir largo y tendido. En este artículo tuve que parar porque se me iba de las manos. Aunque mucha de las cosas que se podrían contar las dejamos para nosotros mejor, no? 😉

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