Historia

Memoria histórica selectiva

Foto portada: eldiario.es

Estoy de acuerdo en que la Ley de Memoria Histórica era, y es, necesaria. En honor de las víctimas y de sus familiares, es prácticamente obligatorio identificar y condenar a los asesinos, y en muchos casos saber dónde están enterrados los cuerpos para poder darle sepultura y que todos sus allegados, al fin, puedan honrarles en un lugar adecuado. El primer artículo de dicha ley establece su objeto:

  1. La presente Ley tiene por objeto reconocer y ampliar derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil y la Dictadura, promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar, y adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre los ciudadanos, todo ello con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales.

  2. Mediante la presente Ley, como política pública, se pretende el fomento de los valores y principios democráticos, facilitando el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidos durante la Guerra civil y la Dictadura, y asegurando la preservación de los documentos relacionados con ese período histórico y depositados en archivos públicos.

Coincido con casi todo lo que aquí se dice, especialmente en lo que concierne a la recuperación de la memoria personal y familiar así como el querer cohesionar a las distintas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales.

Y decía que estoy de acuerdo en casi todo porque esta ley también tiene como objeto adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre los ciudadanos, y a mi me parece que en demasiadas ocasiones lo que se está consiguiendo es lo contrario, sobre todo gracias a los que ven en esta Ley una oportunidad de venganza. La guerra política vuelve a enfangar la memoria.

En otra ocasión ya dije que todas las víctimas merecen respeto. Lo que pasó en España durante cuarenta años fue lamentable. La Guerra Civil no duró tres, fueron muchos más, e incluso hay quien hoy en día actúa como si no hubiera acabado. La división gestada entonces aún continúa presente, y si hay algo que echo en falta en esta Ley de Memoria Histórica es que no abarque un periodo histórico posterior al caudillo, surgido durante los últimos años de este.

Por suerte, la gran mayoría de los asesinos y muchos colaboradores de ETA han podido ser juzgados y condenados, algo que no se logró con los delitos de la dictadura. Los familiares de las víctimas han podido enterrarlas, y aunque el dolor por la pérdida nunca desaparece, saben dónde están. Que pregunten a Antonio del Castillo si no estaría mejor conociendo el paradero de su hija Marta.

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Arnaldo Otegui en un acto de EH Bildu.

La memoria histórica de algunos es, como indicaba en el titular, selectiva. Así, tachan de asesinos a personas de un determinado partido político que no habían nacido cuando Franco murió, pero tienen como ídolo a seguir a un integrante de la peor banda terrorista que ha actuado en España, y lo pasean por el país como si fuera un héroe, como quedó claro en Barcelona días atrás. Arnaldo Otegui, cual estrella del rock o del deporte, solicitado para hacerse selfies.

Otegui ha cumplido varias condenas, pero al igual que ocurre con, por ejemplo, los maltratadores, creo que hay delitos por los que nunca se termina de pagar. Sigo sin ser capaz de explicarme, y nadie aún me ha aportado argumentos convincentes, por qué hay políticos que no condenan los atentados de ETA y que, además, tienen la frivolidad de llamar hombre de paz a un miembro muy activo de una sangrienta banda armada. Por si fuera poco, lo pasean como a un héroe. O invitan a concejales suyos a dar conferencias, como hizo el alcalde de Cádiz.

Y no. No homenajeó a las víctimas del atentado de Hipercor, ni a ninguna de las 54 personas que sus compañeros asesinaron despiadadamente en Cataluña. Ahora es un hombre de paz, dicen. Lo que hay que oír…

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