Deporte

Mi Mulhacén particular

Pocas semanas después de dar la bienvenida al año 2000, mi buen amigo Pablo Rodríguez me dijo: “Salvatore, este verano nos vamos a Sierra Nevada y nos hacemos el Mulhacén“. Dicho y hecho. Tras pertrecharme de botas, bastones, mochila y demás avíos, salimos una madrugada de julio desde La Barrosa camino de Granada. Parada con desayuno calórico en Antequera, gran molletazo, y directos a la sierra.

Maletero abierto y reparto de equipaje en cada mochila. Mucha agua, comida, hornillo, linternas, ropa… todo lo necesario para llegar y volver con garantías del punto más alto de la Península Ibérica (3.479 m.) un día después. Echarse el peso a la espalda fue el primer momento crítico, sobre todo cuando ante mí se presentó la primera pendiente del camino, presagio de lo que aún quedaba por delante.

Justo en ese momento, cuando estuve a punto de caer de espaldas arrastrado por el peso sobre mis hombros, vino a mi la tentación de abandonar sin tan siquiera haber dado diez pasos. Pero hice bien en continuar, ya que guardo grandes recuerdos de aquellas dos jornadas por la sierra granadina, con el testimonio gráfico de mi querida y discreta Minolta X300s, cámara que aún conservo y con la que tomamos las fotos de este artículo, la de portada justo en la cima del Mulhacén, y también otras en algunos senderos de las sierras de Grazalema y la de las Nieves.

Cima Pablo Mulhacén
Imagen de la cima del Mulhacén.

Fue un camino duro, evidentemente sin nieve en esas fechas, sólo algún que otro nevero, pero con una temperatura excelente, nada que ver con los cuarenta y tantos grados que nos encontramos al pasar de regreso por la capital granadina. El descanso a la puerta del refugio en el que dormimos, y el silencio existente en la cima a primera hora de la mañana son los dos momentos que, a pesar del paso de los años, me resultan imposibles de olvidar. Parece que fue ayer mismo. Cumplimos el objetivo.

En el mismo punto

Diecisiete años después me encuentro en una situación similar, de ahí que me acuerde precisamente ahora de Pablo y del Mulhacén. Miro hacia adelante y las fuerzas, por momentos, me abandonan. Veo el camino empinado, después de mucho tiempo cuesta abajo, y el miedo a lo que está por venir, lo que el futuro me depara unido a la pereza moral que a veces me invade, me hace darme por vencido.

Pero al igual que finalmente me vine arriba ante aquella cuesta interminable, con muchos kilos sobre mis hombros, ahora miro hacia el futuro con el aprendizaje del Mulhacén bien asimilado. El primer paso puede costar, pero una vez que lo das ya no hay manera de frenar. Todo está por hacer. La constancia, la humildad, la honradez, la discreción y la prudencia me guiarán por el camino para que, una vez conseguido el objetivo, culmine una fase más de este aprendizaje continuo que es la vida.

Sentado en la cima del Mulhacén sólo oía el sonido del viento y de algunas de las cabras que por allí había. Silencio, tranquilidad, serenidad… Logro conseguido y orgullo por haber llegado hasta allí.

En realidad también oía a Pablo que me decía: “Quillo, esto tenemos que repetirlo”. Pues ya estamos tardando querido amigo.

Vista cima Mulhacén
Vista del Veleta desde el Mulhacén. Abajo, la laguna de La Caldera.
Refugio Camino Mulhacén
Refugio en el que pasamos la noche, cerca ya del Mulhacén.
Cabra cima Mulhacén
Uno de los habitantes de la cima del Mulhacén.
Virgen Cima Mulhacén
Descansando en la cima antes de iniciar el regreso.
Tagged , , , , , ,

2 thoughts on “Mi Mulhacén particular

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *