Política

No todos somos iguales

La ex ministra de Sanidad del PSOE, Carmen Montón.

Si algo me quedó claro tras escuchar las declaraciones de la ex ministra de Sanidad, Carmen Montón, es que no todos los ciudadanos somos iguales. La soberbia, prepotencia y chulería con la que repitió esa afirmación, echó por tierra la razón que podía haber tenido en el resto de su exposición, aunque entonces no nos dijera nada del plagio de su trabajo, tan ofendida que estaba ella.

No todos somos iguales, ya te digo que no. Para empezar, sus compañeros de máster que, probablemente, tuvieran que estudiar y trabajar mucho más que ella, a la vista está, para obtener el mismo título, con la connivencia de la Universidad Juan Carlos I, que tendría mucho que explicar y grandes responsabilidades que depurar tanto en este asunto como en el de Cristina Cifuentes y Pablo Casado. Y quién sabe si de alguno más, que no nos podemos fiar y a nadie debiera extrañar que surgiera un nuevo caso.

Pues eso, que no todos somos iguales. No ha estado mal que nos lo recordara, señora Montón, y es que los ciudadanos de a pie en muchas ocasiones olvidamos que los políticos están uno o dos escalones por encima nuestra, o al menos eso debe pensar usted.

Yo creo que los partidos políticos se intercambian los argumentarios cuando se produce un cambio en el Gobierno. Si no, es difícil explicar cómo varían las posiciones sobre distintos asuntos según se esté en la oposición o en la Moncloa. Rajoy no aparecía en ruedas de prensa y era reflejo del más rancio totalitarismo, facha por supuesto. Pedro Sánchez no se deja ver dando ruedas de prensa, pero nadie dice nada. Nos contentamos con ver sus fotos de posado pretendiendo ser una mezcla de Kennedy y Obama, que a fin de cuentas es lo que siempre ha querido y lo único que le importa: vender su imagen con el narcisismo, la soberbia, el halo de iluminado siempre sobre su figura.

Por no hablar de los cambios de opinión en el mismo Gobierno, algo de lo que el ególatra Sánchez incluso presume, y que tanto estamos sufriendo en la provincia de Cádiz, léase Navantia, con las famosas corbetas, o la autopista de peaje entre Sevilla y Cádiz, donde es de traca ver la posición tanto de PP como de PSOE. Los populares ahora pidiendo que se elimine el peaje, y los socialistas diciendo que hay que esperar, cuando semanas atrás exigían su desaparición. Nos toman por gilipolllas.

La ministra de Educación y portavoz Isabel Celaá nos lo confirmó, cuando para justificar el cambio de opinión, uno más, del Gobierno y decidir finalmente vender las bombas (perdón, láser de alta precisión) a Arabia Saudí, nos habló de que ahora en España vendemos misiles que saben distinguir nacionalidades y no matarán a yemeníes. Y se quedó tan tranquila después de decir esas barbaridades. Ni Gila podría superarla.

Eso es la política últimamente, defender lo suyo, atacar al contrario y pensar poco en la ciudadanía. Muy pocos políticos se salvan de la quema, a mi modo de ver, y desgraciadamente siempre suelen ser los que los eternos jefes, con chaquetilla o sin ella, marginan precisamente porque son capaces de pensar por sí mismos y ven más allá de sus propias formaciones políticas, preocupándose de sus conciudadanos, siendo útiles, teniendo algo que aportar.

Los líderes políticos en Cádiz, sobre todo alguno, sólo quieren a su lado palmeros, nadie que destaque por encima suya ni les cuestione nada. Lo peor de todo es que siempre habrá gente que los defienda digan lo que digan, aunque afirmen hoy que una cosa es blanca y al día siguiente opine que es negra. Y así nos va. Está claro que no todos somos iguales. Cuánta razón tiene, señora ex ministra.

 

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